Aprende con un ejercicio

¿Qué debe tener una web de empresa?

Una web útil responde a las preguntas que alguien necesita resolver antes de contactar. Prepara esas respuestas y después decide qué páginas hacen falta.

Por Max O’Sullivan · Guía y ficha práctica

Prueba la ficha de contenido para tu web →

Empieza por las preguntas de tus clientes

Elige un tipo de cliente y un servicio o producto que ofrezcas de verdad. Apunta qué necesita saber esa persona antes de contactar. Si trabajas con públicos distintos, no des por hecho que todos necesitan la misma explicación.

  • ¿Esto es para mí? Explica qué haces, a quién ayudas y dónde prestas realmente el servicio.
  • ¿Qué estaría contratando? Describe el alcance con palabras normales. Aclara los límites importantes en lugar de dejar toda la explicación en manos de una foto o un eslogan.
  • ¿Por qué debería creerlo? Usa proyectos relevantes, fotos que tengas permiso para mostrar o comentarios aprobados de clientes. Si aún no los tienes, explica cómo trabajas sin inventar pruebas.
  • ¿Qué hago ahora? Ofrece una forma clara de contactar y explica solo el siguiente paso que puedas ofrecer de verdad.

Si el precio depende del trabajo, explica qué información hace falta para hablar de él. No rellenes ese hueco con un precio inicial inventado ni prometas que todos los proyectos se hacen igual.

Convierte las respuestas en un plan de páginas sencillo

La página de inicio puede presentar el negocio y llevar a la información más útil. Una página de servicio puede responder una pregunta más concreta. Los proyectos pueden mostrar ejemplos relevantes y el contacto puede facilitar el siguiente paso.

Son lugares posibles para la información, no una lista obligatoria de páginas. Una sola página bien enfocada puede bastar para una oferta sencilla. Separarlas tiene sentido cuando cada una cumple una función útil; repetir la misma explicación con títulos ligeramente distintos no ayuda a quien lee.

Para cada página prevista, completa esta frase: «Después de leerla, la persona debería poder…». Si dos páginas tienen la misma respuesta, valora unirlas. Si una pregunta importante no tiene sitio, decide dónde responderla.

Un ejemplo: un taller de bicicletas

Ejemplo ficticio para practicar; no es un proyecto de un cliente.

Imagina un taller que repara bicicletas de uso diario con cita previa. Quien llega a su web quiere saber si puede llevar su bicicleta, cómo pedir cita y qué información enviar.

Pregunta: ¿podéis reparar mi bicicleta?
La página de reparaciones explica los trabajos que acepta el taller y sus límites reales. Usa títulos claros en lugar de una afirmación general sobre «soluciones completas».
Pregunta: ¿qué hago ahora?
El apartado de contacto explica cómo solicitar una cita y qué información necesita el taller. No da a entender que existe una reserva online si no la hay.
Material que ayuda a entenderlo
Las fotos de trabajos que el taller tenga permiso para mostrar pueden explicar el servicio. No se presentan como prueba de un resultado que el negocio no haya medido.

El plan sigue las preguntas del cliente. No empieza por un número arbitrario de páginas, una función nueva ni una lista de frases para buscadores.

Ejercicio: prepara una página útil

Elige algo que ofrezcas de verdad y empieza con notas que puedas compartir. Completa la ficha. El resultado debe servir para escribir o diseñar una página, no ser una colección de eslóganes.

Tu plan de contenido para la web

Copia estas preguntas en tus notas y complétalas con un ejemplo.

  • Persona y pregunta

    ¿Quién lee y qué necesita averiguar?

  • Respuesta real

    ¿Qué puedes explicar con claridad sobre lo que ofreces y sus límites?

  • Material de apoyo

    ¿Qué ejemplo, foto o explicación puedes usar con permiso?

  • Página y siguiente paso

    ¿Dónde irá esta respuesta y qué debería hacer después la persona?

  • Una comprobación útil

    ¿Alguien puede encontrar la respuesta y el siguiente paso desde el móvil?

Lee el plan como si no conocieras el negocio. ¿La respuesta ayuda a decidir o deja la misma duda? Sustituye cualquier afirmación sin fundamento por un dato que puedas explicar.

Haz que el contenido sea fácil de usar

Pon a cada página un título y encabezados que describan su contenido. Usa textos de enlace que expliquen adónde llevan. Si una imagen transmite información, describe esa información en su texto alternativo; no dejes que la decoración explique lo que ofreces. Los consejos de W3C para escribir contenido accesible, en inglés explican estas bases.

Pide a alguien que busque una respuesta y el siguiente paso desde el móvil. Sus dudas pueden mostrar qué parte de la explicación o de la navegación necesita mejorar. Esto comprueba si el contenido se puede usar; las impresiones, los clics y las consultas necesitan comprobarse por separado.

Si ya tienes web, la guía para decidir entre mejorarla o rediseñarla te ayuda a valorar cuánto cambiar. Si las tareas repetidas empiezan después de recibir la consulta, revisa cómo reducir la introducción manual de datos como una mejora distinta.

Si la página ya explica lo que ofreces pero no llegan mensajes, revisa el recorrido de contacto antes de volver a cambiar el contenido.

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